El masaje sueco es uno de los masajes clásicos por excelencia. Se remonta al siglo XVIII, cuando Per Henrik Ling desarrolló unas técnicas de masajes que luego serían exportados por todo el mundo. Así, el masaje sueco es fruto de la tradición sueca, pero también incorpora, como no podía ser de otra manera, toda la sabiduría de las artes de oriente.

Se trata de un masaje en el que normalmente la persona que lo recibe está tumbada cómodamente en ropa interior y cubierto por sábanas o toallas para preservar su intimidad. La zona a tratar se deja descubierta para que el masajista pueda practicar técnicas como el amasado, deslizamientos de manos, presión de puntos para calmar y descontracturar, fricciones y movimientos circulares para aliviar los posibles dolores e incluso suaves pellizcos o palmadas para activar el cuerpo. Todo ello con la finalidad última de mejorar la circulación sanguínea, oxigenar la sangre, favorecer la eliminación de toxinas acumuladas, relajar la musculatura, descontracturar las áreas del cuerpo que estén más afectadas o simplemente generar en el individuo un estado de calma y relax.

Recomendado para personas con:

No recomendado en caso de:

  • - Alteraciones en la piel (heridas/quemaduras/eczemas/acné...)
  • - Enfermedades cardiacas
  • - Mujeres en el I trimestre del embarazo